El café de especialidad ha dejado de ser una tendencia reservada para cafeterías de nicho para convertirse en una forma de disfrutar de una bebida cotidiana con más calidad, sabor y conciencia sobre su origen. Con esa filosofía nació Quinto Café, el único tostador de café de especialidad de Tres Cantos, un proyecto que busca acercar el buen café a cualquier hogar mientras reivindica el valor de las personas que hacen posible cada taza. Hablamos con sus fundadores sobre su visión del café, el crecimiento de la cultura cafetera en España y la importancia de convertir cada pausa en un momento para disfrutar.
Para los que todavía toman café comercial de supermercado y os descubren por primera vez… ¿Cómo le explicaríais a vuestra abuela qué es Quinto Café y por qué vuestro café sabe diferente?
El café de especialidad es como el vino: no es lo mismo cualquier vino que uno concreto con origen, proceso y cuidado específico. Entendemos el café así, como el resultado de cuidar cada proceso —desde la finca hasta el tueste— para lograr un producto de excelencia.
Nuestro café no tiene ese amargor desagradable al que muchos se han acostumbrado del café de supermercado. Está bien tostado, no quemado, y tiene un dulzor natural que hace que mucha gente lo disfrute sin azúcar.
Es un café muy cuidado desde la finca hasta la taza. Seleccionamos cafés con mucho cariño y los tostamos para resaltar sus sabores naturales, por eso aparecen notas a chocolate, caramelo, frutas, flores o especias.
No hace falta ser experto para notarlo: basta con probarlo para descubrir que el café puede ser muy diferente a lo habitual.
Sois el único tostador de café de especialidad en Tres Cantos. ¿Por qué decidisteis apostar por asentar vuestro «laboratorio de tueste» aquí y cómo os ha acogido la comunidad local?
Sí, somos el único tostador de café de especialidad de la zona norte de Madrid.
Vivimos en Tres Cantos y es una ciudad maravillosa para vivir. Cuando nos dimos cuenta de que no había nada relacionado con el café de especialidad, decidimos montar aquí todo el proceso para que la gente pudiera conocer de cerca este mundo tan apasionante.
Estamos encantados con la comunidad tricantina. Nos acogieron como si fuéramos uno más desde el primer día.
Cada vez vemos más interés por tomar buen café, pero también vemos algo que nos hace muy felices: Quinto Café se ha convertido en un lugar de buenos encuentros. Aquí hay buenas conversaciones, se crean amistades y se viven momentos memorables.
Nos encanta la historia de vuestro nombre. Explicáis que el «quinto elemento» son las personas (caficultores, tostadores, el cliente…). En un mundo tan digitalizado, ¿cómo conseguís que vuestra tienda online y vuestras bolsas de café transmitan ese calor humano?
Para nosotros el café nunca ha sido solo café. Es el resultado de muchas manos que intervienen en todo el proceso y que cuidan el grano desde el origen hasta la taza.
Comprar en Quinto Café es una experiencia alrededor del café. Cuidamos cada detalle para que quien reciba una bolsa sienta que detrás hay personas que aman lo que hacen y que ponen intención en cada momento.
Nos gusta pensar que, además del café, también enviamos cercanía, ilusión y una invitación a parar un momento y disfrutar.
Al final, lo que hacemos es un homenaje a las personas, y el café es la excusa perfecta para conectar.
Vuestra propuesta incluye perfiles para todos los gustos: desde notas achocolatadas hasta florales o especiadas. Si tuvierais que recomendar un café de vuestra carta para alguien que se está iniciando en este mundo, ¿cuál sería el «abrecaminos» ideal?
Le recomendaríamos un café balanceado y versátil, de esos que funcionan bien en cualquier preparación.
Actualmente tenemos un Brasil de la Sierra de Mantiqueira que nos parece una puerta de entrada perfecta al café de especialidad. Tiene notas a chocolate y frutos secos, un cuerpo cremoso que permanece en boca y está riquísimo tanto solo como con leche, caliente o frío.
Es uno de esos cafés que gustan mucho porque son fáciles de entender y de disfrutar.
Y también están los cafés colombianos con notas dulces a miel, panela o caramelo y una acidez cítrica muy agradable que suelen sorprender muchísimo y combinan muy bien con leche.
Nacéis con la idea de que el buen café no debería ser exclusivo de las cafeterías modernas de especialidad. ¿Cuál es el mayor reto a la hora de convencer a alguien de que puede preparar un café increíble en su propia casa sin ser un barista profesional?
El mayor reto es el desconocimiento que existe alrededor del café y los hábitos que hemos heredado durante años. Muchas personas creen que el café tiene que ser necesariamente amargo o que preparar una buena taza en casa es complicado, cuando en realidad no lo es.
Gran parte de la diferencia empieza simplemente con la calidad del café. Al utilizar granos bien seleccionados, el resultado cambia por completo sin necesidad de técnicas complejas.
Nuestra labor es acercar ese conocimiento y ayudar a entender de dónde vienen los sabores y aromas que encontramos en una taza.
Enseñamos a preparar buen café de forma sencilla y accesible. Cuando la gente descubre que no hace falta ser barista para disfrutar de un café espectacular en casa, todo cambia.
Y, una vez prueban un buen café, es difícil volver atrás.
Además de vender café, organizáis catas, experiencias sensoriales y lleváis vuestro carrito a eventos. ¿Por qué es tan importante para vosotros ir más allá del producto y vender «la pausa y la conexión»?
Porque vivimos en un mundo muy acelerado en el que muchas veces hemos perdido la capacidad de parar. Vamos con prisa, desconectados de nuestros sentidos, sin oler, saborear o incluso sin prestar atención a lo que estamos comiendo o bebiendo.
Nosotros queremos invitar a lo contrario: a activar los sentidos y a recuperar esos pequeños momentos de presencia. Nos gusta que las personas se tomen unos minutos para disfrutar del aroma, del sabor y de la conversación. Preparar un buen café puede ser casi terapéutico, porque te obliga a bajar el ritmo, estar presente y reconectar con el momento.
Por eso, más allá del producto, creamos experiencias como «Despertando los sentidos con Quinto Café» y llevamos nuestro carrito a eventos. Queremos mostrar que no hay una única forma de disfrutar el café, sino muchas maneras de explorarlo, descubrir sus matices y conectar con todo lo que hay detrás de una taza. Y lo más bonito es ver cómo las personas descubren que, en realidad, el café es solo la puerta de entrada a algo mucho más grande.
El lema de vuestra marca es que Quinto Café «TE HAGA EL DÍA». A vosotros, como fundadores y amantes del sector, ¿qué es lo que más os «hace el día» cuando veis la reacción de un cliente al probar vuestro café?
Una buena conversación con un buen café nos hace el día, y tenemos la suerte de vivir muchas cada día.
Cada visita de un cliente es una experiencia tanto para él como para nosotros. Nos encanta cuando alguien descubre sabores que no esperaba encontrar en un café, o cuando una conversación que iba a durar dos minutos termina alargándose.
También nos hace el día ver cómo personas que decían que no les gustaba el café terminan encontrando uno que les encanta. Y, sobre todo, cada vez que vendemos un café y vemos que al cliente le gusta de verdad, sentimos que lo que hacemos tiene sentido. Es una confirmación de que el trabajo cuidadoso en origen, junto con los productores, merece la pena y que seguimos en el camino correcto.
Esos momentos son los que dan sentido a todo lo demás.

